Aprendan a estar solos

La soledad es tal vez el ejercicio más natural a nuestro alcance. Es ahí cuando logramos cultivar algunos de los estados más nutritivos para la mente y el espíritu, cuando experimentamos las más sustanciosas tormentas y la más reconfortante quietud.

Practicada sanamente la soledad es un vehículo exquisito. Nuestro diálogo interno adquiere tintes particulares y nos vemos obligados a confrontarnos con nosotros mismos, nos auto-revelamos sin intermediarios. Sin embargo, en muchos contextos se menosprecia, se sospecha de ella o inclusive se le teme; se evita a toda costa y se asocia con la derrota social o el aburrimiento. Y esta aversión cultural por la soledad termina por privar a millones de personas de aprovechar, y disfrutar, las bondades que solo ella provee.

¿Qué le gustaría decirle a los jóvenes? Pregunta el entrevistador a un Tarkovsky plácidamente posado sobre un árbol. A lo que el cineasta ruso, cuya obra por cierto destacó por comulgar con elementos como la pausa, el silencio y la soledad, responde que su principal consejo sería el aprender a cultivar la soledad:

No sé, creo que solo me gustaría decirles que aprendan a estar solos y procuren pasar el mayor tiempo posible consigo mismos. Me parece que una de las fallas entre los jóvenes es que intentan reunirse alrededor de eventos que son ruidosos, casi agresivos. En mi opinión, este deseo de reunirse para no sentirse solos es un síntoma desafortunado. Cada persona necesita aprender desde la infancia cómo pasar tiempo con uno mismo. Eso no significa que uno deba ser solitario, sino que no debiera aburrirse consigo mismo porque la gente que se aburre en su propia compañía me parece que está en peligro en lo que a autoestima se refiere.

Enlace original: aquí.

Reflexionando

“No somos nada más ni nada menos que lo que escogemos revelar de nosotros”

Cuanto tiempo sin escribir… De hecho no sé muy bien ni por donde empezar… Me falta práctica, pero no es lo único que me falta.
He pasado demasiado tiempo apartado de demasiadas cosas, y no soy la misma persona que empezó a escribir tonterías aquí hace unos cuantos años.
El día menos pensado, a lo mejor vuelvo a ser una persona socialmente integrada (cosas más raras se han visto).
No es que antes hubiera sido un gran tipo, ni que ahora sea un sociopata, simplemente estoy en la mitad de un camino que todavía no sé a donde me lleva.

Si miro hacia atrás, no echo muchas cosas de menos. Me gusta más la vida que llevo ahora. Prefiero pasar los días envuelto en mis rutinas, con mis perros, mis rarezas, y mis circunstancias. Aunque a lo mejor me gusta más, sólo por el hecho de que he dejado de tambalearme y eso hace que me duela un poco menos la cabeza.
Supongo que es bueno eso de que me guste más la vida que llevo ahora.
Creo que dejar de salir de noche, dormir menos, madrugar más, y parar en el arcén a echarme un pitillo, me ha venido bien.
He seguido haciendo algún viaje, yendo a algún concierto, y encontrándome gente. Pero ahora, esas cosas las hago de otra manera, y a otro ritmo.
He perdido y he ganado. Ahora soy capaz de ver lo que me rodea con otra perspectiva y de tomarme algunos asuntos no tan a pecho. Sin embargo, creo que por el camino se han quedado mi capacidad de empatizar y mi sentido del humor, pero tampoco es algo que me preocupe demasiado en estos momentos (ya los recogeré a la vuelta),

No echar cosas de menos, no significa que no extrañe a nadie. Hay gente a la que echo de menos (o al menos a su recuerdo, porque ya no somos los mismos), pero también hay gente a la que echaba un poco de más.
Mirando atrás, no me arrepiento de nada porque, al fin y al cabo, fui capaz de levantarme, de aprender de mis aciertos, y sobre todo, de mis errores, aunque quizá no hubiese sido posible sin la ayuda de ciertas personas que siempre tendrán mi gratitud aunque ellas no lo sepan.

Acabo de leer que “la nostalgia es una felicidad triste. Se recuerda el gozo del pasado, pero duele saber que todas esas experiencias ya no pueden volver”.
Puede que nostalgia sea la palabra que busco para hablar de lo que se me pasa por la cabeza cuando pienso en ciertas personas que, quizá, ya no están ahí.

Sea como sea, continuemos el camino.