Kátharsis

Toca empezar un nuevo capítulo que, quizá, debí haber empezado hace mucho tiempo.
Todo seguirá igual, pero todo habrá cambiado.
Ahora debo continuar yo solo (o casi).
A quienes lo tuvieron, gracias por el interés.

Una buena manera de resumir los últimos meses del blog, la escribió hace mucho tiempo Kapuscinski (no es que yo sea muy listo, es que la leí hace poco): “Hay un cierto egoísmo en lo que escribo, siempre quejándome del calor, el hambre o el dolor que siento, pero es terriblemente importante tener autentificado lo que escribo porque ha sido vivido”.
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De espejos y conejos

Hay un tipo dentro del espejo, que me mira con cara de conejo.

No sé que podrían ver Jorge “Ilegal” Martínez, ni Lewis Carroll a través del espejo. Pero, a mi, no me gusta lo que veo.

No me gusta el pasado reciente, ni el presente, ni el futuro inmediato.

Acostumbrarse a algo que te resulta desagradable no lo convierte en bueno. Simplemente consigue que la sensación de vacío se convierta en algo cotidiano. La decepción, la pérdida, la soledad, y la frustración no son las mejores compañeras de viaje.

Cuando las fuerzas fallan, hasta el punto no de no poder poner orden en tu cabeza, es imposible pretender poner orden en todo lo demás. Hablo cuando no debo hablar, callo cuando no debo callar, escribo cuando no debo escribir, y me duele la garganta de gritar.

No creo que la misantropía sea una opción tan descabellada. Al fin y al cabo, tus círculos se reducen a tu familia, tu pareja, tus amigos, tus compañeros de trabajo, de estudios, o de lo que sea, y poco más. Cuando esa red no soporta el peso que llevas contigo, se rompe. Después de caer al suelo, alguna gente consigue levantarse. Pero si la caída es mala, las secuelas pueden ser lo suficientemente graves como para hacer que, volver a caminar se convierta en una misión que depende tanto de la rehabilitación como del azar.

Ahora que leo lo que acabo de escribir, me estoy dando cuenta de que el optimismo sigue brillando por su ausencia. En realidad tampoco es tan grave. Al fin y al cabo, ya me pasé muchos años en penumbra. Supongo que el secreto será volver a acostumbrarse a la falta de luz.

Si lo que me mata es lo único que me fortalece, ¿Tendría algo que decir Nietzche sobre esto?

Empecinado

Soy una de las personas más tercas, tozudas y obstinadas que conozco.

El agua apaga al fuego, pero ese argumento no es lo suficientemente fuerte para mi.

Hay un pueblo en Pensilvania en el que se encendió un fuego en 1962 que provocó un incendio. Con el paso de las décadas las llamas se controlaron, pero el fuego sigue a 1600 metros de profundidad, y se cree que puede seguir ardiendo otros 250 años.

Un Zippo no es una mina de carbón, pero el paralelismo me sirve.
Probablemente, dentro de 250 años haya dejado de fumar, pero si la mayor potencia del mundo no ha sido capaz de apagar ese incendio, no creo que nadie consiga hacerlo con este mechero.
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Dualidad

Ninguno somos tan simples como nos cuentan en las películas. Y los que se consideren simples, es porque eso es más fácil de aceptar, o porque realmente lo han creído.

Puede que, al final, todos busquemos la felicidad, pero la felicidad es distinta para cada uno de nosotros.
No a todo el mundo le sirve aquello de tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. Tampoco la versión moderna de estudiar una carrera, casarte y firmar una hipoteca a 40 años.

Cada uno somos como somos y, para cada uno, la felicidad está en un lugar diferente.
Se es realmente feliz haciendo lo que quieres hacer, sintiendo la libertad para ser como eres, y pudiendo compartir todo eso.
Sin tener que dejar aparcada esa sensación de liberación, ni necesitar ir a la soledad de un bosque a buscarla en un árbol, por el simple hecho de que a un eucalipto no le vamos a hacer daño.

Somos duales (puede que eso se quede incluso corto). Somos poliédricos.
No es sencillo dejar una de las caras del cubo mirando a la pared, haciendo como si no existiera.
Todos y cada uno de los vértices y aristas forman parte de un todo mucho mayor.
Podemos tratar de ignorarlo, pero no podemos extirparlo. Porque, entonces, todo lo demás se desmoronaría.

Aunque Lou Reed hablase de otras dualidades, y Joe Strummer le diera la razón, está claro que “Valium Would Have Helped”.
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Ay, Dolores

El día se presentaba como otro cualquiera. Pero no lo fue.
Como decía hace un par de posts, Siniestro no es sólo una banda de rock, de punk, de blues, o de lo que cojones sea ahora.
Para el que escribe todas estas tonterías que se publican aquí con relativa frecuencia (o sea, yo), son mucho más que eso. Supongo que haber crecido con ellos ha hecho que los vea de otra forma. Del mismo modo que veo de otra forma otras cosas que me han acompañado a lo largo de tantos años. Supongo que, el roce hace el cariño.
Hoy, más de media docena de personas me preguntaron si iba a ir al concierto. ¿Cómo no iba a ir? Si no iba era porque algo raro sucedía…
Con cada mensaje y cada llamada se quitaban un poco más las ganas, así que la decisión parecía que iba a ser quedarme en casa.
Pero no podía ser, al parecer, todavía me quedaba algo, muy en el fondo, que me lo recordaría durante meses si no iba. Cuando quedaba un rato para que empezaran a tocar, no pude evitar ponerme los vaqueros y salir corriendo de casa.
Fui yo solo al concierto porque no tenía ganas de cambiar batallitas con el de al lado, únicamente quería volver a escucharlos. Nada más. Sólo eso.
Encontré un buen sitio cuando todavía sonaba el tema de Miami Vice, y el abuelo Soto y compañía, saltaban al escenario. La cosa no empezaba mal del todo, pero, cuando Julián sacó la armónica, algo cambió. Algunas canciones las he escuchado demasiadas veces, y llega un momento en que no puedes volver a oírlas.
Han sido suficientes las decepciones maquilladas de malentendidos.
Desde que Costas y Hernández dejaron de ser un solo ente, nada ha vuelto a ser lo mismo. De uno me quedo con sus directos, y del otro con sus discos de estudio.
Hoy ha tocado tomar un par de decisiones. Otro desengaño más no sería bueno, así que, como todo tiene un límite, habrá que dejar en el pasado un par de cosas que llevan conmigo más de media vida.
Una son los directos de Siniestro, y la otra no es el tabaco.
Costas, de momento, se queda.

Salud y rocanrol.