Here comes the summer

Sólo quedan unos días.

Volverán las cañas. Pero las de verdad. Esas que te tomas sin pensar en que te tienes que ir pronto porque al día siguiente hay que madrugar. Sin pensar en que, si se alargan mucho, volverá a ser lunes sin haber dado tiempo a reposarlas. Esas que van acompañadas de un cigarro y buena compañía.

Volverá también el ajetreo de hacer y deshacer maletas. Portugal, Polonia, Holanda, quizá Bégica…

Escapada de sudor, paseos y cafés en alguna terraza del Distrito de Braga al lado de una de esas personas que parece que sólo existen en la ficción, pero que de vez en cuando se dejan caer por el mundo real.

Visitas a capitales que parecen sacadas de otro lugar y de otro tiempo. Excusa perfecta para desempolvar la cámara, arreglar (o pensar en destrozar, según se mire) el mundo y olvidarse de todo por un rato.

En definitiva, dedicarse a contemplar los días que pasan, hasta que la realidad te vuelva a despertar con una hostia que (aunque esperada) no deja de cogerte por sorpresa.

Luego volverá la rutina de todos los días. Las preocupaciones más o menos habituales también seguirán estando ahí. Pero, con un poco de suerte, no será lo único que esté esperando a la vuelta.

Segirás tú.

(y tú también, no creas que me olvido)

Apoyo a los mineros

Puede que desde la última o la penúltima vez que escribí, el Celta vuelva a estar en primera, que el Lugo ascendiera 20 años después, que yo haya conocido a una mujer estupenda, que Springsteen siga en plena forma y lo pudiera ver de nuevo en estupenda compañía, que la gente que tengo cerca no tenga problemas lo suficientemente graves como para que no tengan remedio…

Si me pongo a pensar en todo eso, debería tener motivos para ser (por una vez) optimista y positivo.

Pero hace un par de meses que hay gente luchando por lo que es suyo, y me hierve la sangre.