Despilfarrando aciertos, y meteduras de pata.

Voy a tener que dejar de hacer muchas de las cosas que hago.

Cosas que sigo haciendo, porque se han convertido en parte de mi.

Pero si lo que pretendo es recuperar mi cordura, y tener lo que la gente llama “vida”, no me quedará otro remedio que dejar de navegar hacia acantilados. Dejar de mirar esos cuadros que solo veo con los ojos cerrados. Dejar de hacer lo que mejor se me ha dado siempre.

Pero quizá no busco esa cordura, ni esa “vida” que se espera que uno quiera.
No quiero tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. Ni una casa con chimenea, ni un apartamento en la playa. No quiero un coche deportivo cuando llegue la crisis de los cuarenta. No necesito un polo con un cocodrilo en el pecho, ni un millón de amigos en una red social.

No es que tenga nada contra los hijos, ni contra las chimeneas, ni contra la crisis de los cuarenta. Simplemente, cuando uno se da cuenta de que lo que busca es inalcanzable… (llegados a este punto me quedo sin palabras).

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