Sufrimiento

Una de las cosas a las que difícilmente nos acostumbraremos, es al dolor.

Dolor ante la pérdida de algo o de alguien, ante una situación desesperada en un momento dado de nuestra vida, dolor por la impotencia de ver que no eres capaz de ayudar a alguien que te importa y al mismo tiempo te necesita.

Pero hay dolores incluso peores (si, hoy me he pillado un dedo con una puerta).

 

P.D. …y todo lo que he conseguido en el hospital ha sido una tirita (menos mal que no trabajo en una charcutería).

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He vuelto

Mucho, pero mucho, tiempo después, vuelvo a dar señales de vida por estos lares.

La verdad es que el último mes y medio (casi dos) ha sido una verdadera lucura: Jornadas interminables, escasez de horas de sueño, desconexión total y absoluta de cualquier cosa que se pudiese parecer a una vida social…

Hace unas semanas, pensaba que las aguas volvían definitivamente a su cauce, y que podría volver a tener un horario digno de un ser humano, pero todavía estoy sufriendo los últimos estertores de la madre de todas las mudanzas. Ahora toca trabajar un par de semanas por las mañanas, y otra por la tarde, hasta muevo aviso. Lo más complicado de las tardes es encontrar formas de matar el tiempo (definitivamente fue una buena idea comprar una PSP).

En cuanto llegaron los primeros días con un poco de tiempo libre, me dediqué a darme algún que otro lujo (como una televisión acorde al tamaño del hospital en el que trabajo, y algun gasto innecesario más).

Despilfarros aparte, también hubo tiempo para el esparcimiento. A finales de febrero tocó hacer una escapada Lugo-Vigo-Santiago. La verdad es que no se le pudo pedir más a ese fin de semana: Victoria del Celta en Balaídos con tensión hasta el final, y fin de fiesta en inmejorable compañía.

Entre medias, he seguido catando algunas cervezas muy recomendables (nota mental: comprar más Chimay, Rochefort y Grimbergen), me he metido entre pecho y espalda una de las mejores paellas que he comido nunca, y he vuelto a reencontrarme con la dueña de mis desvelos.

Está bien vivir una temporada por encima de tus posibilidades económicas, físicas y mentales, pero ahora toca aparcar las salidas durante una temporada (salvo por una mini-escapada a finales de mes que, aunque llevaba un tiempo planeada, cada vez tiende más a la mayor de las improvisaciones), y empezar a ahorrar un poco, que ya va tocando.

Lo económico se soluciona con relativa facilidad, recortando gastos inútiles (y últimamente han sido muchos), lo físico se arregla descansando un par de días, aunque ahora mi oído izquierdo está empeñado en ponerse pesadito, y aunque el descanso mental es más complicado de conseguir, parece que por el momento también estoy consiguiendo controlar eso.

En resumidas cuentas, cuando me quite de encima esta incipiente otitis, voy a empezar a buscar nuevos motivos para quejarme. El caso es protestar siempre por algo. Y si no los encuentro, el gobierno me lo pone muy fácil para dar con ellos.

Salud y rocanrol camaradas.