George Harrison, el beatle en la penumbra

A pesar de sus inclinaciones místicas y de su larga relación con el Maharishi Maheshi Yogi, se decía de él que era el más razonable del lote, la estabilidad en persona, el elemento moderador de una banda de insensatos.

Y tales habladurías no estaban muy descaminadas. La prueba es que al día siguiente de la disolución de un grupo en el que uno de los miembros había asegurado que eran “más famosos que Jesucristo”, mientras que John Lennon se dedicaba a la revolución de dormitorio, que Paul McCartney se diluía en la estupidez desintoxicante y que Ringo Starr declaraba estar harto de hacer western de “a pie”, George Harrison puso orden en las docenas de melodías que no había podido grabar con los Beatles y compiló el material destinado a componer All Things Must Pass, un triple álbum cuya entusiasta acogida molestaría a sus antiguos compañeros, a empezar por un Lennon particularmente resentido y drogado hasta las cejas.

Ironías del destino

Sin embargo, a pesar de unas cuantas “harikrishnerías” ingenuas que enturbiaron su trayectoria, por encima de todo predominaba un pensamiento que preocupó siempre al benjamín de los Beatles: la impotencia de los seres humanos ante el paso del tiempo. “Llegará el día en que todos nosotros deberemos partir”, canta en Art of Dying, “y sor Mary no podrá hacer nada para que siga contigo, porque nada de lo que he hecho o tratado de hacer en esta vida puede compararse al arte de morir, ¿me crees?” Lo curioso es que dos años antes de su muerte faltó muy poco para que corriera la misma suerte que John Lennon, asesinado por Mark Chapman en Nueva York en 1980: el 29 diciembre de 1999 otro trastornado, Michael Abram, logró penetrar en la mansión de Harrison y estuvo a punto de apuñalarlo. Salvó su vida a causa de la reacción de su mujer, Olivia, que dejó sin sentido al agresor golpeándole la cabeza con una lámpara. El predominio del arte de morir sobre lo que hizo en vida había sido un deseo irrealizable. ¿Cabe imaginar que el hijo de un marino de Liverpool reciclado en chofer de autobús pudiese olvidar que habia contribuido a revolucionar la música popular del siglo XX porque un día, en el autocar que lo llevaba a casa despues de la escuela, conoció a otro adolescente regordete que llevaba una trompeta? “Yo tenía trece años”, escribiría más tarde George Harrison (nacido el 25 de febrero de 1943) en su autobiografía I, Me, Mine, “y Paul McCartney tenía casi catorce. Simpatizamos.”

Lobos de la misma camada

A pesar de su corta edad -y por iniciativa de McCartney- George fue el nuevo elemento fundamental que se integró en el grupo The Quarrymen, que dirigía John Lennon, otro amigo de Paul. Lo hizo después de que George le hubiese mostrado a John que era capaz de tocar algunos acordes básicos y, a partir de entonces, los dos muchachos empezaron a entenderse como lobos de una misma camada y a pasar mucho tiempo juntos en las casas de uno y del otro. “La primera vez que fui a casa de George”, contaría después John Lennon, “tenía el pelo tan largo que se lo remojaba en el plato de sopa Campbell”. “La primera vez que John me invitó a su casa”, confesó por su parte George, “no le gusté a su tia Mimi, que me trató de teddy boy”. Ya desde el principio las funciones de cada cual en los Beatles parecían mal definidas y Harrison, a quien la gente se empeñó en considerar más tarde como el timido de la banda, era en realidad el rockero más auténtico de todos. Al principio de la beatlemanía, según las encuestas que se realizaban entre los fans, el más sexy fue él, justo por delante de Ringo Starr, el batería payaso. Además, al principio George compartía por igual las partes vocales con John y Paul y contribuyó al brillo de un grupo que, desde luego, no era como los demás. En las cintas piratas grabadas en clubes de mala muerte de Hamburgo se lo escucha cantar muchos clásicos del rock’n roll.

Pero, poco a poco, debido sobre todo a la influencia del productor George Martin, que consideraba su voz poco grave, se vio obligado a ceder el micro a sus compañeros y a contentarse con algunas migajas, entre ellas Do You Want to Know a Secret?I’m Happy Just to Dance With You o la versión del Roll Over Beethoven de Chuck Berry. Le pasó lo mismo en lo relativo al repertorio: un poco acomplejado por la prolijidad de la pareja Lennon-McCartney, tuvo grandes dificultades para imponer sus propias composiciones y unicamente empezó a afirmarse en 1965 con If I Needed Someone y, sobre todo, con Taxman (una crítica feroz del fisco británico) que inicia el álbum Revolver.

A partir de entonces, George Harrison siguió componiendo poco, pero todas y cada una de sus canciones se convirtieron en grandes éxitos, desde Here Comes the Sun hasta Something (que luego grabaron Sinatra y Elvis), pasando por Old Brown ShoeI Me MineFor Me Blues , sin olvidar While My Guitar Gently Weeps, que fue el pretexto para un furioso entrelazado de guitarras con su amigo y alter ego Eric Clapton.

Decepciones

De todos los Beatles fue George Harrison el que mostró un espiritu más abierto: siempre dispuesto a dar un paso hacia los demás, siempre preocupado por multiplicar las investigaciones estilísticas. Desde el punto de vista humano eso dio lugar a las amistades indefectibles que mantuvo con Ravi Shankar, Bob Dylan y Eric Clapton. Desde el musical, a la entrada del sitar hindú en el mundo del pop, por medio de Norwegian Wood (Revolver, 1965), pero también de dos discos de experimentación pura: Wonderwall Music (1968) y Electronic Sounds (1969), que fue un álbum de fototecno.

No cabe la menor duda de que de los cuatro proletarios de Liverpool reunidos por el destino, fue Harrison el que menos tenía que perder en una disolución que parecía inminente. La prueba fue All Things Must Pass, comercializado en 1970, y su éxito mundial My Sweet Lord. Fue como si después de haber permanecido en la penumbra demasiado tiempo, derramase de un golpe toda su inspiración. Lo que siguió fue menos brillante, pero si desde el punto de vista estrictamente creativo el antiguo beatle fue encadenando decepciones, una tras otra, supo destacar en otros campos, tras fundar su propia compañía de discos, Dark Horse y, sobre todo, una productora cinematográfica, Handmade Films, que contribuyó a la financiación, con diversa fortuna, de La vida de Brian, de Terry Jones, Bandits Bandits, de Terry Gillian o de Shanghai Surprise, de Jim Gopddard, con Sean Penn y Maddonna. Fanático de la Fórmula 1, también se paseaba por los paddocks, pues no soportaba la inactividad y prefería pasar inadvertido en el anonimato de los Travelling Wilburys (1988) o ponerse en entrediccho en una gira (triunfal) en Japón en 1991. “Quien no se ocupa de nacer se ocupa de morir”, solía repetir.

El jueves 29 de noviembre de 2001 un cáncer cerebral que padecía desde varios meses antes se lo llevó definitivamente, veinte años después de la muerte de su líder en los tiempos de los Quarrymen, John Lennon.

http://www.liberation.fr/culture/01012307408-le-beatle-de-l-ombre

http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=2943

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