Era lo que me faltaba

Ahora resulta que el banco me envía a casa una “Visa Oro” que no he pedido.

Más de un incauto la activará sin haber leído todas las condiciones, y tendrá que empezar a pagar la cuota a partir del segundo año, unos intereses nada interesantes, y alguna que otra lindeza.

Otras personas directamente la tirarán a la basura.

El resto (probablemente gente con mala leche y tiempo libre), se dedicará a molestar al servicio de marketing, al director de su oficina, y a cristo bendito con el único fin de tocar un poco las narices del mismo modo en que se las han tocado a él.

Creo que me incluyo en el tercer grupo.

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